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viernes, 13 de febrero de 2015

ODA A LOS ATLETAS

14 de octubre de 2014
Cada dos años le hago un gran regalo a mi madre, voy a hacerme un control al médico. Eso la deja durmiendo plácida durante semanas, porque mientras a mi no me importa nada, para ella es esencial que su querubin vaya al pediatra para estar sanito. Y en la última visita a la Dra. Ana Lourdes Barber, tras contarme de sus viajes por Tailandia, me revisó los exámenes y dijo que tenía el colesterol medio alto, que tenía que comer más sano y hacer más ejercicio. Ya hace rato lo venía pensando, ya no soy un flaco desnutrido como a los 18 y era hora de mover el esqueleto. La cotización fue breve, el mejor gimnasio resultó ser el más demandado, pero a mi me acomoda. Y hará de eso más de un mes...
Pero hoy tuve una iluminación de esas que me subliman y me dejan escupiendo palabras. Fue durante la clase de spinbike y no he podido descansar hasta llegar aquí y dejarlas como un testimonio. No es resentimiento, sólo lo pensé y me alegró en medio de la mortificación.
ODA A LOS ATLETAS

Regios, regias las atletas, la prosapia de la nación
sagrados puntuales del gimnasio, amantes del sudor
Nunca se los ve jadeando, rara vez tienen mal olor
mientras yo me estoy desmayando en el elíptico andador.
Siempre dignos ellos llegan en sus Audis de color
Agua nueva en botella nueva, ropa linda y super sport
por sus poros brota salud, por los míos de perro hedor
y a los cinco minutos de spining la verdad ya se hizo flor.
Las gorditas y los fofos goteamos de lo mejor
los atletas y las minas, recién sienten un sopor
La instructora nos reta y reta, sobretodo al guata e tambor
para luego elogiar los biceps de su perrito regalón.
Hoy de tanto pedaleo, hasta una zapatilla se me salió
quedé como el más tarao, el último, el perdedor
más encima mis poleras ya no absorben más jabón
no las admite ni siquiera el washing machin señor...
Ya quisiera estar entre los buenos, en los que no sienten dolor
llegar fresco como mañana y atlético como ganador
como aquellos que siempre miro mientras goteo como dios
Pero luego entre mis pares resucito oh my god
somos los cabecitas negra, mis cinturas blondas son
las piernas como dos hilachas, siguen blancas como un tazón
Flacas como dos coligues, gordas como un galeón,
y sudamos y sudamos como ferrocarril a carbón.
No tenemos más donde caer, nuestro jadeo triste canción
para darle gracias al cielo que la clase terminó.
Calabaza, calabacita, cada uno a su mansión
el gimnasio nos consume, a la puta la ambición.
Yo me quiero comer un chancho, un pernil y un piscolón
y cagarme de la risa del puto colesterol.
Y pensar hacia mis adentros, mirando al atleta campeón
¿No se te saliera un peo en plena clase de aerobox?
Ahí sabriai lo que es canela, ahí tendrías otro sabor,
ahí quedaría el gimnasio y todo este culto al sol.

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