an

miércoles, 8 de julio de 2015

TONTOS, MALOS O TONTOS MALOS

Escena. Una abuela compraba una marraqueta y dos bolsas de té en un almacén de barrio. Sin perder ni por un segundo la dignidad, revisaba el monedero y no le alcanzaba. Vejez de pan y té. Miseria.

Algunos dijeron que sólo con un lápiz, o con una propaganda conmovedora, fue destronado el despreciable cuentacorrentista del Riggs. Otros hablaron de acuerdos con el Departamento de Estado. Lo cierto es que llegaron los noventa, y el daño ya estaba hecho. Hoy, veinticinco años después, la abuela que no pudo comprar otra bolsa de té, se transformó en un rebaño de ancianos que día a día recogen los rastrojos y las hortalizas piñuflas, una vez que se levantan las miles de ferias libres de Santiago.

Tras la fachada del Chile campeón y futbolero, esa que brilla en los estandartes del centro comercial, pululan agachados esos rostros llenos de arrugas buscando papas brotadas o alguna cebolla, como quien busca en el suelo un sortilegio que mágicamente nos regala un día más de vida.

Y yo, sentado en mi puesto de funcionario gris, sencillamente no lo puedo creer. Mientras escucho la impresora a mi lado cantando su letanía, pienso en los políticos. Los escucho, veo sus trajes y me asalta nuevamente la eterna duda sobre la sociedad. ¿Son tontos, son malos, o son tontos malos?

Porque si piensan que la vida es un orden natural en donde tienen que haber pobres y ricos, como niños y ancianos o hambrientos y saciados, es que desconocen la serie de factores y voluntades que los situaron justamente allí, en donde hay de todo. O como creen los liberales a ultranza, que el trabajar hasta ancianos e incluso rastrojear en la feria es un acto de emprendimiento, el firme espíritu de trabajo que necesitamos incentivar en los chilenos flojos. Si así pensaran, no queda duda, son incapaces mentales y no deberían estar ahí gobernando. Y tontos quienes los eligen.

Qué hay de aquellos políticos sí saben de antemano que los sistemas de previsión, educación, salud, transporte, vivienda, y cuanta necesidad básica pueda haber en Chile, están diseñados ex profeso para sacarnos hasta la última chaucha y más encima nos hacen pagar impuestos para alimentar a un Estado que supuestamente nos brinda todo lo anterior. Entonces esos políticos ya no son tontos, sino que son malos de corazón. Y quienes los eligen son sus cómplices.

¿Pero si aparte de tontos son malos a la vez? ¿Pueden ser lo uno y lo otro? Viendo a los treinta y nueve parlamentarios hijos de puta que estuvieron a favor de hipotecar las casas de los abuelos que tienen bajas pensiones, a cambio de unas lucas más, cada día me inclino a considerar más esta posibilidad. Los weones malos sí existen, abundan y son más peligrosos que un agente de la Mossad.

Tantas tribulaciones mentales y nada de mi se ha movido. Sigo en mi escritorio impertérrito, cuando vienen a mi mente los recuerdos. Si algo guardo en mi caja de tesoros, incluso más que las cartas de amor, son esos pedacitos de papel que decían con letras garrapatientas "feliz cumpleaños Merki, te quiero mucho". Porque eran las pocas veces que mis abuelos escribieron, ya que no todos tuvieron escolaridad. En mi escritorio, los veo desfilando en un infinito, junto a otros viejos recogiendo las sobras, y que más encima ahora podrían quedar sin casa.

Miro a mi alrededor y recuerdo lo que fui. Yo luchaba. Yo era profesor de historia. Yo era un orgulloso militante comunista. Yo era compañero de miles de niños y niñas y jugábamos a la sociedad.

Y ahora, una sombra que se sienta diariamente en un puesto laboral a contemplar como todo se derrumba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario