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miércoles, 21 de octubre de 2015

EN UNA ESQUINA

Venía sentado de copiloto con El Inquilino cuando llegamos a la esquina de Macul con Grecia, aquella donde "el patuleco", famoso mendigo del barrio, generalmente se acerca a pedir una moneda. En ese momento pensaba en mi interior sobre lo enorme del universo con respecto al planeta Tierra.

-Si pegarse el pique a Arica son dos mil kilómetros, que en bus te deja el traste agarrotado, dar la vuelta al mundo son veinte veces ese mismo viaje. Un mes sin parar. Eso si fuera en bus, porque si fuera a la velocidad de la luz le daría siete vueltas a la tierra en lo que dura un solo segundo. ¿Y si voláramos hacia el sol...? Son 150.000.000 kilómetros, me demoraría ocho minutos. Pero como el Sol es un mosquito dentro de la Vía Láctea, para que el viaje valga la pena tendría que conocerla completa, desde la punta de las alitas hasta el centro y me demoraría 28.000 años luz. Y la Vía Láctea no es más que una bacteria del universo, una mancha inmunda, pues para llegar a la galaxia más cercana tendría que navegar 2.500.000 millones de años luz. Da lo mismo que fuera en un jet o en un bus de la Flota Barrios, es imposible de alcanzar...   -concluía triste en mis cavilaciones.

En ese momento El Inquilino interrumpió mis pensamientos con un comentario muy de su estilo. Fue en esta esquina  -dijo como cuando Kung Fu recordaba su pasado shaolín-  donde se pitiaron a un compadre.

Yo quedé absorto. Después de viajar a Andrómeda en mi nave espacial mental, recién me vine a enterar que en esta cotidiana esquina, por donde he caminado mil veces, mataron a alguien.

¿No me diga?

Claro po  -prosiguió-  yo venía a buscar a la Lula a un carrete, serían como las dos de la mañana, cuando llegué acá a la esquina y vi que se armó una mocha. Eran cuatro contra dos, parece que los querían asaltar. La cosa es que uno de los cuatro, un guatón como un ropero, se le fue encima a uno de los dos, que era bien chico. Y el obeso estaba encima, pegándole, cuando ¡PAM! se sintió un balazo y el gordo quedó quietecito arriba del flaco. Yo estaba aquí mismo, esperando que dieran la verde. Ahí los amigos del gordo se pusieron a gritar ¡LO MATASTE, LO MATASTE CTM! y se le fueron encima al flaco, que ni tonto, en seguida los apuntó con el arma. No era gran cosa, era una .22 pero cuando te la disparan a quemarropa de deja la escoba adentro, es como si te enterraran un fierro chorizo de construcción por la sanguchera, entra dejando la cagá.

¿Y usté qué hizo?

No, esperaté que ahí viene lo bueno. El flaco, mientras los apuntaba, se tropezó y se le cayó la pistola aquí, abajo de mi auto. Y se tiró como un piquero a buscarla... Cuando la sacó, los apuntó otra vez. Los tipos seguían gritando ¡LO MATAAASTE! ¡LO MATASTE! Fue ahí cuando puse primera, partí como un trueno por Grecia hasta que llegué a la facultad de la Chile y vi a una cuca. Ahí le dije a los pacos ¡Oiga, ahí en la esquina le acaban de disparar a un sociate! y los pacos, como son especialistas en no meterse en líos, salieron apretando cachete en dirección contraria, bien lejos...

¿Y qué pasó con el gordo?

Se murió po. Cuando pasé de vuelta con la Lula ya lo tenían tapado con diarios.

Dieron la verde, le dimos una moneda al Patuleco y doblamos hacia el poniente, hacia donde estaba el sol. Yo proseguí con mi viaje intermental hasta el gran astro, aquel que fue motivo de dioses en la antigüedad, el ser supremo, el magnánimo, El Pulento, el Sol. Quería llegar en ocho minutos hasta sus brasas y comprobar que yo soy polvo, porque los seres humanos y nuestros inmensos padecimientos, como los del gordo que le metieron una bala en las costillas hace años y que nadie recuerda, no son más que eso. Polvo.

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