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martes, 19 de julio de 2016

DÍAS NUBLADOS


Día nublado, mediodía medio gris,
¿cómo quisiera ser un gato?
uno gordo y cobarde,
castrado cien veces.
Viviría en una casa antigua
con una abuelita sola,
con muebles suaves y solos.
Miraría a los gatos desde la ventana,
sobre las planchas de zinc,
hiriéndose, desgarrándose la cara
como dos licuadoras desbocadas.
Y miraría mi rostro en el espejo,
el terciopelo de mi nariz,
lamería mis guantes de seda
y los frotaría por mis orejas
hasta hacerlas brillar.
En estos días atroces,
iría llorando donde mi ama
a contarle con un miau
mi lastimera vida.
Y la pobre viejecilla, sola
me tomaría de mis axilas regordetas
y me sentaría en su falda de lana,
para que viéramos juntos
todas las teleseries de la tarde.
En esos días de piedra helada
el mundo entero se podrá congelar,
yo estaría sobre el sofá,
ronroneando mientras me acarician
mi suave bufanda rococó.
Los gatos atorrantes gritando
me asustan, igual que sus narices
llenas de tajos y orines,
mientras violan una y otra vez
a las pobres gatitas callejeras.
Es hora de esconder mi cabeza,
la nariz respingada y rosa se me heló,
abajo del tejido de mi abuelita gorda
y sola.
Cuando llega la noche y las luces brillan,
mi ama se levanta y prende la tetera,
yo aprendí que el botón de arriba
a la izquierda del control, es el mute
No me interesan las noticias,
sólo los colores electromagnéticos.
Es la hora de comer,
pienso en los pobres gatos de los profesionales,
atareados y queriendo tenerlo todo,
que cuando se acuerdan
atiborran a sus animales con pellets
y basura con olor a lámparas podridas.
Mi abuelita, en cambio, toma té de hojas,
y tostadas con mantequilla y mermelada.
Y a mi da leche tibia con miel,
y atún con arroz blanco.
Linda vida en estos días grises,
cuando la abuelita lava los platos
y me limpia la boquita con una servilleta.
Ella se sienta en la cama,
moviendo unos collares con cuentas y con cruces,
yo los palmoteo y los cazo
como un tigre de Bengala coliflor,
hasta que se pone el camisón y las pantuflas,
y prende el escaldasono.
El chal está sobre los pies,
es la cama del príncipe -yo-
me enrosco y lo último que veo
es el vaso de agua sobre el velador,
con una placa rosada con dientes.
La vida así tiene sentido,
mis ojos se cierran
de tanta felicidad.

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