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jueves, 30 de marzo de 2017

EL OCASO DE LA SALIVA


Antes todo se hacía con saliva. Si querías dar vuelta la página de un libro, dedo a la boca y saliva. Si andabas chascón, cuatro dedos, blam: saliva. Si tenías una mancha, o en la cara de tu hijo había tierra, pañuelo a la boca y saliva. Si la puerta chillaba, saliva a la bisagra. Si querías encabronar a alguien, dedo con saliva en el oído. Para mandar un puñete, saliva en los nudillos. Para lanzar los dados y el tejo de la rayuela, saliva en la punta de los dedos. Si te ponían al arco y venía el penal, escupo, que es saliva de alta potencia. En el pololeo, pura saliva. Si te quemabas el dedo con la cocina, luego del !chucha!, saliva pues. Para ver si la pelota estaba pinchada, un grumo de saliva y si salían burbujitas, lo estaba. Cuando se te estaba acabando la témpera, saliva, solvente universal. Para probar la plancha, dos deditos y saliva...
¿Es que no se han dado cuenta? Fíjense en sus papás, recuerden a sus abuelos. La saliva era una herramienta fundamental.
Hoy no. Los niños casi no leen libros ni dan vuelta sus páginas. Los cabellos se peinan con gomina o cremas Sedal. Las manchas se sacan con toallitas húmedas, las puertas mudas ya no chillan. Si detestas a alguien, le mandas un rosario. Cuando se pelea, el dedo sobrante está grabando con el celular. Ya pocos juegan con dados y nadie a la rayuela. Los niños atajan penales con la play station. El pololeo, tres cucharadas y a la papa. Cuando te quemas, buscas en google qué hacer. Si la pelota se pincha, a la basura y se compra otra. La témpera salió de los programas escolares, hoy se aprenden TICS. Y la plancha ahora tira vapor y suena: fsfssssss...
Hoy me levanté como siempre, dispuesto a cumplir con mis obligaciones. Jamás me imaginé que iba a hacer un descubrimiento.

1 comentario:

  1. me imagino, distinguida analista de la realidad, que por prudencia dejó fuera algunas aplicaciones de connotación sexual. No necesito explicar más...

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