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jueves, 12 de octubre de 2017

DE DIETAS Y PATACHES

Recién me terminé de comer un ajiaco (caldo de carne asada con papas y cosas) con una discreta copita de vino. Luego de varios años de cuestionarme, he llegado a una conclusión: la vida tiene ciclos.
Recordaba cuando llegaba el verano y decía: ahora adelgazaré, comeré más sano y me cuidaré más. Pero a la hora "de la fresca", como a las 7:00 de la tarde de enero, cómo decir que no a un picoteo con agüitas espiritosas. O sus carnes a la parrilla. Adelgazar quedaría para el otoño.
Cuando llegaba el otoño decía: ahora adelgazaré, comeré más sano y me cuidaré más. Pero con las hojas cayendo amarillas por las calles, dan ganas de llegar a tomar té con huevos revueltos, o levantarse con huevos revueltos. O pollos asados. Y acostarse pensando que en invierno el frío me quitaría el hambre. Sí, adelgazar quedaría para el invierno.
Llegaba el invierno y decía: ahora adelgazaré, comeré más sano y me cuidaré más. Pero el frío de mis piernas flacas, porque no han inventado aun las bufandas para las canillas, me hacía rogarle a la vida llegar a casa a comer porotos con longanizas y pancito con mantequilla. Y acostarme a soñar que era miembro de las maras hondureñas y que era pistolero. Adelgazar quedaría para la primavera.
Y cuando llegaba la primavera, decía: ¿¿qué voy a hacer con esta sed?? Esa que me dibuja la palabra Torobayo en cada letrero de las calles. En cada esquina, carteles negros me decían "Avda. Shop con Pje. Pitcher". Con una lágrima en la garganta, ya me veía bebiéndome las calles junto a unas aceitunas o empanadas fritas. Adelgazar quedaría para el verano.
Pero luego de tantos años así, creo que tengo que sacar algunas conclusiones. Si bien he aumentado algunas onzas, no puedo negar que ha sido linda la vida. Así que, con su permiso, me voy a soñar con mi cara tatuada en las maras hondureñas.

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