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jueves, 12 de octubre de 2017

ESCANDALOSA CALMA

La sorpresa es algo que rompe con la calma, es un punto que tiene la capacidad de ser más grande que toda la línea. Es un estado pasajero. Al menos eso dicen los teóricos de la sorpresa.
Sin embargo, llevo años sorprendido. Y hablo de muchos años, desde aquella tarde a mediados de los ochentas, cuando abrí por primera vez los ojos. No fue mi parto, sino que fue en un balcón de la Villa Olímpica, donde miré hacia el cruce de Guillermo Mann con Vicuña Mackenna, y vi barricadas, un guanaco y una protesta. Piedras, gritos, sirenas, gente corriendo y mucho fuego en la calle. Todavía si cierro los ojos, es como si lo estuviera escuchando.
Esto es muy raro, porque desde que era un niño hasta hoy, mi sorpresa se hizo constante, tan plana como la calma.
No espero ofender ni castigar moralmente a nadie, pero me sorprende demasiado que a Chile se lo vienen robando desde décadas. Se lo han robado impunemente, bajo el puro cielo azulado y frente al mar que tranquilo lo baña. Y me refiero fundamentalmente a los fondos públicos, que es plata de todos quienes con santa paciencia y abnegación, trabajamos y pagamos impuestos.
Sin descaro, algunos varios: milicos, empresarios, operadores de partidos, esposas de dictadores, políticos, bancos, empresas de servicios básicos...desde los aviones Mirage y los pertrechos de guerra (muebles de rattán), pasando por todas y cada una de las conversaciones en restaurant, los cheques por debajo de la mesa, las boletas ideológicamente falsas, las cuentas en el Riggs, los correos electrónicos, las jubilaciones millonarias falsas, la estafa en algunos carabineros... (para no generalizar)
Al paso que vamos, ya no nos diremos hasta mañana. Nos diremos "hasta nuevo escándalo". Cuando nos vayamos a dormir, o cuando nos despidamos de nuestros colegas, de nuestros amigos o vecinos, muy alegres diremos
¡¡Chauchau, que les vaya bien, hasta nuevo escándalo  !!
Así.

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